Fernando Ónega, Académico de Honor de la Real Academia Europea de Doctores, por Ángeles Afuera

https://www.gorkazumeta.com/2025/03/fernando-onega-academico-de-honor-de-la.html?m=0
Periodista de larga trayectoria en radio, y una de las voces de mayor prestigio del panorama mediático
"Aquí hay una batalla por el relato y todavía no se ve al ganador"
- Fue director de los Servicios Informativos de la Cadena SER durante el Golpe de Estado del '23-F' en 1981, y director general de Onda Cero, se considera "un hombre de radio", aunque haya pasado por todos los medios, e incluso por la información institucional, cuando fue director de prensa de la Presidencia del Gobierno, en tiempos de Adolfo Suárez, primer presidente de la recién recuperada democracia, tras la muerte del dictador Francisco Franco
- Su puesto de observador de la vida política del país ha sido excepcional, sus opiniones, siempre sensatas y equilibradas, modelo de análisis de la historia reciente de esta nuestra España contemporánea. Por eso, su discurso de esta mañana contenía tanta enjundia como oportunidad: ha sido una auténtica e imprescindible radiografía de la España actual
- Ángeles Afuera ha estado en el Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid y ha seguido con atención e interés el discurso del ya Académico de Honor Fernando Ónega
La voz de Fernando Ónega ha retumbado hoy bajo la gigantesca cúpula del paraninfo de la Universidad Complutense, alertando sobre "La agonía del Estado". Este ha sido el título elegido por el veterano periodista para aceptar su investidura como académico de honor de la Real Academia Europea de Doctores (RAED). Pero frente a la solemnidad del momento, ilustrada por las coloridas togas y los birretes de los señores académicos, el auditorio echaba humo: cientos de compañeros del nuevo académico demostrábamos el interés que suscitaba el tema propuesto por Ónega.
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El periodista Fernando Ónega forma parte ya de la Real Academia Europea de Doctores (Fotografías 65ymás.com) |
“Jornalero de la palabra”, se ha definido él mismo al comenzar. Y nos ha confesado: “No escribáis nunca de política. ¡Os puedo prometer y prometo que treinta veces he modificado este discurso y he cambiado más veces de opinión que Pedro Sánchez desde que es presidente de gobierno!”. Frente al orador, sonreían políticos de distinto signo, empezando por la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.
“Garantizar lo que decía Felipe González, que el país funcione. Por encima de todo, el Estado español no es un proyecto fallido. Vivimos en un interregno, donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Esa es la crisis, en palabras de Gramsci; la agonía, en versión de Unamuno; el gran carajal, en la prosaica opinión de este escribidor” (Fernando Ónega)
A partir de este guiño, la retranca gallega ha brillado varias veces en su parlamento, un fulgurante repaso a textos periodísticos, a declaraciones diversas y a reflexiones de distintos autores que apoyan su tesis principal: el concepto de Estado sufre una profunda crisis. Se dice “secreto de Estado”, “asunto de Estado”, incluso “hombre de Estado”, pero ¿qué es el Estado? Desde la “superposición de voluntades cansadas” que decía el escritor Manuel Vilas a la definición escéptica de Alfredo Pérez Rubalcaba “un señor, una mesa y un teléfono”, Ónega se quedaba con la de Leonardo Sciascia: “Un Estado son unos servicios que funcionan: escuelas, hospitales, Correos…pero el poder también organiza nuestras vidas, mete mano a nuestro dinero y todo lo devora porque tiene instituciones que alimentar. Y en España no hay institución que no haya sido ocupada por el partido gobernante”.
Ciñéndose a nuestro país, Ónega ponía el acento en que en España existen amputaciones y contradicciones. Se han amputado al Estado sus tres grandes competencias: seguridad, defensa y el valor de la moneda. Hoy buscamos nuestra seguridad en empresas privadas; nuestra defensa está en manos de la OTAN y nuestra moneda depende del Banco Central Europeo. Se contradice que seamos una monarquía constitucional y que el independentismo diga que Cataluña no tiene rey y no se le reciba en sus repetidas visitas, o que la palabra “rey” dé urticaria y se sustituya por la de “jefe del Estado” ¡que era el título que se arrogó (Francisco) Franco!; es contradictorio que se hable de ámbito estatal como oposición al ámbito autonómico o municipal, o que el propio Tribunal Constitucional escriba “colaboración entre el Estado y las comunidades autónomas”. Que el presidente Sánchez hable de federalismo sin que haya discusión o consenso transmite inseguridad y no fortalece al Estado. Tampoco fortalece al Estado, a juicio de Ónega, el panorama que se dibuja a propósito de la condonación de la deuda a Cataluña, el mercadeo en la compra de votos o las declaraciones independentistas que hablan de superar “escalones hacia la independencia”. En Cataluña y en el País Vasco empieza a notarse el vacío del Estado, dice, y desazona pensar que siete escaños valen más que los 136 del Partido Popular.
¿Y qué pasa en el mundo? Ónega cita a Raúl de Pozo: “No deciden los estados, sino las poderosas empresas que mandan más que los gobiernos”. O a Walter Buffet: “Estamos en una guerra de clases y vamos ganando los ricos”. O a Jorge Dezcallar: “El Estado se queda pequeño y no es capaz de darnos cobijo, esa es la razón del desasosiego que sentimos”. Los fondos, los emporios económicos, las tecnológicas, hacen la competencia a los estados, mandan los mercados y un multimillonario tiene 300.000 millones de dólares para incordiarnos.
Frente a este panorama, los últimos minutos de su parlamento se dedican a una perspectiva de futuro que pasaría por una refundación del Estado, recuperando lo servicios públicos, un nuevo contrato social, una reforma institucional, alianzas entre naciones. “Garantizar lo que decía Felipe González, que el país funcione. Por encima de todo, el Estado español no es un proyecto fallido. Vivimos en un interregno, donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Esa es la crisis, en palabras de Gramsci; la agonía, en versión de Unamuno; el gran carajal, en la prosaica opinión de este escribidor”.
Desde el auditorio se cerraba el discurso de Fernando Ónega con aplausos de su familia, sus paisanos de Galicia y todos sus colegas. La lista de presentes sería interminable: desde veteranos – Luis del Olmo, Nieves Herrero, Miguel de los Santos, Manuel Antonio Rico, Juan Ramón Lucas, Rafael Luis Díaz, Isabel Gemio, hasta jóvenes que hoy son quienes hacen la radio y la televisión. El acto finalizó con el discurso de respuesta en nombre de la Real Corporación, del Académico Numerario Excmo. Sr. Dr. José Ramón Calvo Fernández, y del presidente de la Junta de Gobierno de la Academia, Excmo. Sr. Dr. Alfredo Rocafort.
-Aquí
puedes leer el Discurso de investidura como Académico de Honor de la Real
Academia Europea de Doctores, en 65ymás.com
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